Hoy piensa en todas las veces que no la han querido y en todas las veces que la quisieron. En su amor de juventud, que lo fue tanto tiempo. El amor que le enseñó a estrenar sensaciones, emociones y vivencias. En el que todo lo haces por vez primera. El que no se olvida nunca. Que duró por años, con sus cúspides y sus acantilados escarpados. Amor sin medida, sin control, ni vergüenza, ni culpa.
Amor que vino, que se fue, que volvía a venir y a irse, hasta que se tensó la cuerda tanto, que era imposible devolverla a su forma y posición original.
Piensa en el amor que llegó después y que siempre la hacía feliz, ofreciéndole absolutamente todo sin darle nada. Que nunca tenía horarios y vivía a la merced del viento. Que le enseñó los lugares y se rió con ella de sus humores. Que la hizo mirar dentro y querer. Quererse más.
Y hubo más amores, pasajeros, nómadas, rápidos, sedentarios, cortos, prolongados, mínimos, intensos, fugaces, perennes,…
Que ella ha querido, no hay duda. Y que la quisieron tampoco.
Que la quisieron por pequeñita y manejable. Y la quisieron por refunfuñona y también por todas las muchas más veces que se reía a carcajadas. Por sus ojos y sus labios. Por sus manos pequeñas y su corazón grande. La han querido por sus silencios y porque a veces no sabe callarse. Porque da un paso adelante y tantas veces se esconde. La quisieron por estar siempre presente y ausentarse cuando era preciso. Por ser siempre puntual y por no olvidarse de ninguna fecha importante. Por oler a jabón. Por tener la piel suave y los pensamientos afilados. Por ser comprensiva y por no entender nada. Por aceptar y por no dar su brazo a torcer. También la quisieron por saber dónde ir, aunque no conociera el camino. Por la música. Por ser ella.
Y a veces no la quisieron. No la han querido porque no era el momento, o no estaban preparados. Porque tenían un cortocircuito. Porque le hacían un favor. Porque no querían hacerle daño. Por ser confiada y crédula. Porque no era ella, que era él. Porque no sabían si querían una relación estable. También porque no estaban enamorados. Por ser demasiado buena para ellos. Porque era demasiado joven o demasiado mayor. Porque era lo mejor. O porque no sabían.
Y todavía espera querer mucho. Y entretanto intenta querer de otro modo y controlar el saldo de sus afectos, no vaya a ser que se quede en números rojos. Aunque tiene la impresión de que a ella no se le puede acabar, por suerte o por desgracia.
Al final va a ser que el balance es lo de menos. Y va a ser que lo que cuenta es lo demás.
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