lunes, 29 de noviembre de 2004

Ligar

Ligar, yo no ligo nada. Más aún que nada, nada de nada. Porque ustedes perdónenme, pero yo entiendo por ligar, conseguir llamar la atención de aquel /aquella que te interesa. Porque vamos.... que a una le silbe el paleta de la esquina, o el vendedor de cupones del barrio... venga, eso no es ligar. Tampoco lo es que te intenten meter mano en el autobús porque, bueno, una también tendrá algo que decir, ¿no? Y si no puedes escoger donde te tocarán, es como cuando te sirven pollo y tú querías muslo y te sirven pechuga. Para más inri, seguro que sin patatas ni guarnición alguna. Es decir, que el tío encima de bruto, es un auténtico calamar. Ahí entramos en otro tema.... Y es que si ligo, ligo solamente con calamares. ¿Que qué es un “calamar”? Léase tío entre feo y mú feo, más bien bajito, de gracioso nada de nada, sin labia ninguna, ni conversación,... y si tienes mala suerte y te toca de los peores, el tío tiene un Tunning y le cantan los alerones.

Vamos, que la situación viene a ser más o menos la siguiente... Una se arregla para salir: un poquito de maquillaje, pero no demasiado, el justo para que se te vea un poco en la penumbra de la discoteca que vayas a escoger. Un poquito de perfume, para que huelas a algo más que a tabaco de la sala en la que estés. Un tejano ajustadito y bien bajo, pero que te permita una mínima libertad de movimientos y que no enseñe todo el tanga, porque ver tanta tira...hace feo. Y de arriba, pues algo discreto, pero con gracia. Si dejas ver por arriba, que tape por abajo y viceversa, más que nada, porque sino es como ir en pelotas.

Una vez arreglada se va una con sus amigas a la discoteca y se encuentra al calamar de turno “Hola, eres de aquí”, te “susurra” mientras se te arrima con todo el cuerpo, como para establecer un primer contacto “amistoso”. Y tú piensas “como si eso importara, majo... Qué original”, pero resignada a que ese será tu único contacto con el género masculino en toda la noche, contestas “Pues sí” y él, sintiéndose animado por tu abierta actitud se lanza sobre tus mejillas y te estampa dos besos “Me llamo Pepe”. Sí, Pepe, sí, muy bien... así se hace. Ooooolé, dos besos como dos banderillas. Una retrocede asustada de tanta efusividad “Encantada, Pepe”. Él sigue en su línea torera “Te invito a una copa”. “Gracias, pero....” señalas la copa llena que justamente está entregándote el camarero. “Bueno, pues luego” y raudo se marcha por donde ha venido, y por donde tu esperas que se pierda un buen rato, con un poco de suerte. Pero no. Existe una regla infalible para los calamares: Los calamares contraatacan. No es una película de serie B, es una cruda realidad.

Vuelves a tropezar con Pepe cuando aún no te has terminado la copa y de nuevo avanza hacia ti, y su cintura tropieza involuntariamente con tu cadera y a ti casi se te cae la copa de las manos de la impresión, pero por suerte, la salvas y cuando él te pregunta “Ahora, te puedo invitar ahora???” con cierta ansiedad, tú señalas el resto de tu Martini, milagrosamente salvado de una desgracia y le dices casi educadamente “No, gracias, todavía me queda un poquito”. Pero Pepe no se rinde “Vale, pues vuelvo luego. Y luego no me digas que no, eh!”. Eso eso, ¡encima con exigencias! Deseas que se pierda en el mismo bosque al que lo enviaste la primera vez, sin suerte, porque 10 minutos más tarde vuelves a encontrártelo. Lo divisas a distancia, gracias a su camisa leñador a cuadros naranjas, de plena moda, te da una cierta ventaja y cuando casi lo tienes encima, haces una maniobra peligrosa esquivándolo entre el personal y lo dejas con 3 palmos de narices. Creerán ustedes que soy mala, pero creo que no está escrito en ningún sitio que una tenga que darle coba a los calamares.

Si al menos tuviera un encuentro con un tío feo, pero interesante; o divertido; o elocuente; o inteligente; o guapo; o todo a la vez (eso ya sé que es mucho pedir) y encima soltero... pues no pediría tanto, pero en la situación en la que estoy, he empezado a pensar en poner velas en la Catedral y no precisamente para conseguir la paz mundial. Bueno, si de paso lo consigo, pues bienvenida sea, pero creo que eso depende menos de mí, que lo de encontrar novio, o por lo menos un candidato arrimable, y que no quiera arrimarse sólo 15 minutos. Ya me entienden...

Porque con la edad que tengo, ¿qué es lo que me queda por escoger? Las que tuvieron más suerte (o menos, eso ya se verá), ya hace tiempo que se casaron y se han encargado de eliminar del mapa un buen porcentaje de los hombres que podrían considerarse candidatos, al menos por la edad. Esos, en principio, descartados. Bueno, yo los he descartado, pero algunos de ellos no descartan nada, y también es una tarea descubrirlos antes de meterse en camisas de once cuernos, digo... de once varas.

Después tenemos los que ya han salido de algún matrimonio o relación. Esos están entre los candidatos, claro, pero habría que dividirlos en 3 clases: Liberados, Resentidos y Con Bonus Track. Los liberados, son de los que solamente se arriman 15 minutos. Eso sí, 15 minutos contigo, 15 con tu amiga, y 15 más con todas las que están a tiro. Los Resentidos, vienen zarandeados de su anterior relación, y los tienes que convencer, o consolar, según el caso, con lo que ya empiezas con mal pie, o con el pie de la ex sobre tu relación. Y luego, los Bonus Track, esos que vienen con regalo: la ex, los niños y si me apuras hasta con exsuegra y todo. No, no, no... muchas gracias.

Luego están los de gustos análogos. Es decir, esos hombres a los que también les gustan los hombres. Actualmente parece que haya cada vez más, y con esos hay muy poco que hacer. Vamos, mejor ni intentarlo. Eso sí, como amigos, genial, y te escucharán siempre que tengas que llorarles sobre tu falta de suerte, o sobre tu suerte con los calamares. ¡¡Gracias, chicos!!

No nos olvidemos de los Liberados que ya superan una media de edad y que tienen, como poco, 15 años más que tú. Más que Liberados, podríamos llamarles Tiburones, porque te miran fijamente en la oscuridad, mientras sonríen con un gesto depredador... aghhh. No, gracias. Por lo menos no, si no se llaman Alberto Cortina. Ya me entienden...

Entre los candidatos, también encontramos a aquellos con los que da un poco de reparo ligar. Que te sabe mal tirarles la caña, los…Pezqueñines, porque tienen entre 5 y 10 años menos que una. En caso de que sean mucho menos de 10 años sería delito, y tampoco queremos acabar en la cárcel por un rollete, ¿verdad?

Visto lo visto, estarán ustedes de acuerdo conmigo en que nos queda poco dónde escoger. Supongo que aún tenemos alguna posibilidad de encontrar a alguien afín a nosotras entre el porcentaje de hombres restantes. Alguno de los que mencionaba al principio, inteligente, o interesante, o guapo... ¡¡¡Me voy a poner las velas a la Catedral!!

Claro que no debemos desesperar, y siempre nos queda una última posibilidad. ¿Cuál, cuál? Estarán preguntándose todas mis congéneres en la misma situación que yo. Ahí radica la respuesta: ¡¡Chicas!! Siempre estamos a tiempo de cambiar de acera. Y eso sí que no,¡¡porque yo, a este lado de la calle estoy comodísima!!

Agur!

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